Los espectáculos con animales no se inventaron con fines
conservacionistas, ni educativos. Existían mucho antes de que estos
conceptos fueran necesarios y su objetivo era únicamente lúdico y
comercial, fruto de una visión simplista y arcaica de lo que es la fauna
y el medio ambiente.
El intento de revalorizar estas actividades, pretendiendo adecuarlas a las corrientes de hoy, mediante una patina de supuesta pedagogía, da como resultado situaciones ridículas, mensajes contradictorios e incluso contraproducentes con la concienciación y la educación.
Cuando nos preguntamos si consideramos correcto o no utilizar animales
como reclamo para el público nos enfrentamos, en realidad, al reto de
decidir qué visión tenemos -y damos- de la fauna silvestre mantenida en
cautividad y, por tanto, qué uso nos permitimos hacer de ella.![]()
Si bien es innegable que el contacto directo con un animal silvestre tiene un efecto impactante y fascinador en la mayoría de personas, inferir que el toqueteo de animales es una buena herramienta educativa o conservacionista resulta cuanto menos aventurero pues, por un lado, existen alternativas más comprometidas y modernas, y por otro, perpetúa la cultura del espectáculo que defiende la concepción del animal como estrella de circo.
Sin desmerecer las experiencias personales que cada uno pudiera haber tenido al entrar en contacto con un animal, es necesario dejar claro que estas prácticas no enseñan una de las cosas más importantes y necesarias, a saber, estos animales no son ni peluches, ni artistas. Son seres con complejas necesidades medioambientales, comportamentales y con un papel en la naturaleza claramente definido por millones de años de evolución, en el que no entran para nada, ni los besitos, ni los abrazos, ni los baños con humanos, ni los bailes al son de la canción del verano…
Al igual que en la naturaleza, los ejemplares cautivos en parques zoológicos tienen, cada vez más, una función claramente definida. Las asociaciones zoológicas intentan optimizar y actualizar esa función adecuándola a la visión que tenemos hoy del medio ambiente y la relación del ser humano con el mismo.
La Estrategia Mundial de los Zoos y Acuarios para la Conservación declara que: “Los zoos y acuarios deben animar a los visitantes a comprender los vínculos entre los animales que ven y los animales de la naturaleza, y como los visitantes están ayudando a ambos”. Deslices como los espectáculos solo sirven para perpetuar una imagen folklórica y anacrónica de lo que es un animal silvestre, exactamente la misma que da el domador de leones en el circo.
Hoy en día, el recurso del espectáculo y el toqueteo con animales se
sigue utilizando por inercia del pasado y por gandulería. En el estado
español no existe una presión efectiva sobre los zoos por parte de la
sociedad civil, por lo que no se da el necesario debate sobre cuál ha de
ser la dirección que deben tomar. No existiendo esta presión, para una
empresa privada (y pública a veces) resulta difícil no caer en la
tentación del dinerito fácil que aportan los espectáculos o las
fotografías con animales. Para que no parezca pasado de moda, solo se
tiene que maquillar la actividad con el supuesto valor pedagógico,
conservacionista o de enriquecimiento…tampoco nadie les va a rendir
cuentas sobre la efectividad real de ese supuesto valor.
El compromiso de los parques zoológicos con la educación ambiental y la conservación tendría que dar como resultado una actitud valiente y activa, no convencional y pasiva (convertidos en esclavos de la audiencia). El público tendría que entender que los animales allí alojados son seres complejos y con serios problemas tanto dentro como fuera del zoo. Una vez percibidos los animales silvestres como partes integrantes de complejos ecosistemas, resultaría extraño y chocante ver a esas mismas especies descontextualizadas y convertidas en peluches o estrellas de espectáculos.
Si es cierto que tantos millones de personas pasan cada año por los parques zoológicos no deberíamos permitir que salgan con la simplista idea de que bonito es abrazar una cría de tigre, que divertido es bañarse con delfines o lo graciosos que son los loros...la fauna salvaje es mucho más fascinante que todo eso.